Dentro de Argentina hay localidades pequeñas que carecen de un cine o bien de un buen restorán, mas tienen una de las vistosas heladerías Grido. La cadena de franquicias nació en la urbe de Córdoba (en el centro) en el año dos mil y, al calor de la crisis económica del país de Sudamérica, medró de forma exponencial en las provincias con una oferta de helados a bajo costo y locales atractivos. Con mil quinientos puntos de venta, ciento cincuenta de ellos distribuidos entre Chile, Uruguay y Paraguay, se ha transformado en la compañía de cremas heladas líder en Latinoamérica y en la quinta cadena del planeta medida por volumen de ventas, conforme la asesora Euromonitor.

La familia Santiago, creadora de la marca, tiene 3 generaciones en el rubro de los helados, cada una con diferentes ideas que fueron triunfantes. La primera, impulsada por Óscar Santiago, fue Laponia, una marca bien conocida en los años ochenta que rechazó en la década siguiente. En mil novecientos ochenta y seis, uno de sus hijos estableció su heladería en el distrito de Alberdi de la capital cordobesa donde abundan las franquicias de indumentaria y los negocios rentables, un local que todavía es una referencia en la zona. El enorme triunfo empresarial llegó, no obstante, con la creación de Helacor y su marca Grido, una cadena que fue creada con un fin más ambicioso: extender el consumo del helado a nuevos campos, con un producto más alcanzable por su coste y proximidad.

“El reto era conseguir que más gente tomara helados. En el año dos mil, en Argentina se consumían 3 kilos por habitante, una cantidad bajísima en comparación con otros países, aun de la zona”, cuenta Sebastián Santiago, perteneciente a la tercera generación y también impulsor de la compañía al lado de sus hermanos y a su padre. Lo consiguieron con el desarrollo de un sistema de franquicias que se distinguían por su bajo coste y por su localización. “Se trató de aproximar la heladería a la gente, primero, con puntos de venta en distritos distanciados de las grandes avenidas comerciales y, después, en urbes más pequeñas del interior”, explica.

Las contrariedades económicas que atravesaba Argentina en los años iniciales de Grido fueron un escenario favorezco a fin de que la compañía despegase y no solo por la demanda de un producto económico. Una de las claves del proyecto era que cada uno de ellos de los puntos de venta tuviese “la idiosincrasia de una heladería de distrito”, explica Santiago. Era esencial que el dueño de la franquicia estuviese al frente del comercio. “En esos años había bastantes personas desempleadas con necesidad y ganas de trabajar, que además de esto tenían ciertos pesos que habían cobrado por la indemnización. Eso calzó bien con nuestro modelo de negocio, que no procuraba grandes inversores sino más bien a personas con ganas de trabajar en su heladería, como una forma de autoempleo”, cuenta el empresario.

Relación calidad precio
Si bien no tienen la calidad de las mejores marcas y heladerías artesanales, los productos de ­Grido tienen una buena relación calidad precio, novedades incesantes, y una enorme pluralidad de sabores, lo que la transforma en una buena opción alternativa tanto ­frente a contendientes más costosos como ante otras heladerías de distrito y urbes pequeñas, cuyas propuestas son menos renovadoras y variadas. El negocio funcionó y, desde ese momento, las ventas no han parado de medrar. En dos mil uno ya había cuarenta franquicias. Un año después el número se duplicó y los forzó a montar una nueva planta con capacidad para generar cuatro mil litros de helado por hora.Producción de tartas heladas en la fábrica de Grido en Córdoba (Argentina).

Los trescientos puntos de venta que alcanzaron en dos mil cinco demandaban una factoría todavía mayor y, a 3 años de la primera mudanza, Grido se trasladó a su actual sede central situada en un parque industrial de su urbe de origen, donde realizan hasta siete mil litros de helado por hora. Tras un fuerte desarrollo en el interior, la mayor capacidad de producción les dejó abrir nuevos mercados: en dos mil siete llegaron a Chile y a Buenos Aires. En dos mil nueve ya había tres mil novecientos personas trabajando en las franquicias de Grido. En la compañía estiman que los setenta y cinco millones de kilogramos anuales que generan equivalen a un veintiseis por ciento de la cuota del mercado en Argentina, lo que los transforma en líderes del campo, con la mayor cantidad de puntos de venta.

En la compañía notifican que las operaciones anuales alcanzan un valor de ciento cincuenta millones de dólares estadounidenses. En dos mil doce la información contable de Grido produjo dudas en la Hacienda pública y sus dueños tuvieron inconvenientes con la justicia. Helacor fue acusada de una presunta maniobra para facturar en negro una buena parte de sus ventas y evadir al fisco. El tema adquirió resonancia pública cuando se ordenó la detención de 3 directivos de la empresa: Sebastián Santiago, uno de sus hermanos y su padre. Si bien fueron liberados a los 3 meses y la compañía resolvió sus inconvenientes con el ente recaudador, un tribunal determinó el pasado agosto que la causa judicial se sostenga abierta.

El caso no detuvo la expansión. Ese año, Grido abrió las primeras heladerías en Uruguay, donde el día de hoy tiene cincuenta puntos de venta. En dos mil catorce, la compañía lanzó una línea de comestibles congelados con la marca Frizzio, que aprovecha las instalaciones y la logística de la comercialización de los helados para la venta de pizzas, palitos de pollo y bastones de mozzarella. “El criterio para lanzarlos fue exactamente el mismo que en el caso de Grido: que se trata de un rubro en el que el consumo es bajísimo y los productos que hay en el mercado son carísimos”, explica Sebastián Santiago.

En dos mil quince, la cadena de cremas heladas completó el mapa de las provincias argentinas con su primer local en Ushuaia, en el extremo sur, y llegó a un nuevo país de la zona con los primeros puntos de venta en Paraguay, donde ya alcanzaron las cuarenta franquicias. “Aún existen muchas posibilidades para medrar. Tenemos un plan para abrir cien locales al año en Argentina y cincuenta en el exterior”, adelanta Santiago.

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